Pongámonos en situación, que es una cosa que me encanta,
acabo de llegar a casa después de una adorable noche veraniega, pese a que sea
primavera aquí no lo parece, en la cual hemos compartido entre amigos el bien
hacer de los españoles de bajarnos a tomar unas cañas, una cosa que a día de
hoy no hago mucho pero que me encanta. Finalmente, como todas estas jornadas
suele acabar con unos pocos tomándose la última y poniéndonos profundos. Qué
bonita es la vida. La verdad es que las noches de verano me encantan, hacen
sacar algo extraño dentro de ti, como si siguieses en esos veranos en los que
eres un jovenzuelo con toda la noche por delante y cero preocupaciones,
sencillamente solo estás viviendo el momento para disfrutarlo. Y ese es nexo de
unión de este post, en esa época estabas vivo y eras una autentica supernova de
emociones con explosiones consecutivas. Ese punto con otros tintes mucho más
adultos y menos convulsivos son los que me han llevado a escribir hoy, el tema
de sentirse vivo.
Hablando en compañía hace un rato fue un tema que cobró
sentido, digamos que fue como llaman algunos un momento de lucidez, una
revelación, o como se prefiera llamar, pero lo cierto es que nos metemos tanto
en la dinámica de nuestras vidas, seguimos tan a raja tabla todo lo que debiéramos
hacer , que finalmente dejamos de lado ciertos aspectos que nos dan la alegría
de seguir en este mundo, algo tan básico como seguir vivos, seguir sintiendo,
hacer cosas que por lo que sea te aceleren el corazón, saber que la estás
cagando, o quizás no, pero no lo estás haciendo todo lo bien que debieras, o
quizás solo son dudas, pero estás seguro de una cosa, lo que estás llevando a
cabo es lo que a ciencia cierta es lo que quieres. Más allá de lo que debieras,
no hablo de trabajo, ni de hipotecas, ni de cosas que debes hacer porque es el
momento en el que debes hacerlas. Hablo de sentirte vivo, hablo de sentir.
En esa conversación que mantenía esta noche llegué a decir
que envidiaba el hecho de no sentir mucho últimamente. Entiendo por qué lo
dije, pero lo cierto es que estaba equivocado, me enorgullezco de sentir muchas
cosas, como este momento de soledad en el que lo único que se escucha son las
toses del vecino de arriba que debe de tener la garganta cascada, y desde la
soledad de mi habitación y de la compañía del ventilador y la música, me vuelvo
a sentar reflexionando sobre ello. Pero sin embargo creo cuando lo comenté era de algo más que eso,
hablaba de cuando tienes una certeza brutal, de cuando no puedes negar tus
sentimientos y seguir para adelante, hablo de no hacer lo correcto, hacer lo
que te dicta el alma, tu ser, no seguir engañándote en pro de la comodidad.
Hablo de esos momentos preciosos en los que cuando tienes que decir algo se te
atropellan las palabras, pues es tanto lo que sientes que tu cerebro no tiene
la capacidad de asimilarlo todo y se tropieza. Hablo de palpitaciones y sudores
fríos, de intentar liarte un cigarro y que te tiemblen tanto las manos que
tienes que dejarlo a un lado con aire disimulado como si ya no te apeteciese
fumar (eso me pasó). Notar como las pulsaciones te invaden la percepción
auditiva hasta el punto de llegar un momento en que solo escuchas el bum bum de
la carótida llevando la sangre arriba como si fuese un puto tren de mercancías.
Eso más que nos pese, en los buenos y malos momentos, es sentirse vivos, y creo
que en los días que vivimos es tan fácil olvidarse de que esa es la razón del
ser humano, que es necesario recordarnos que si sufrimos es porque vivimos, y
si gozamos, es que estamos haciendo lo que debiéramos.
Una vez me explicaron que toda emoción tiene una
explicación, incluso el miedo, nos hablan de lo que estamos sintiendo ahora
mismo y nos preparan para lo que vendrá. No neguemos esas emociones tan
primarias, pues la cantidad de información que nos están aportando es
apabullante. No menospreciemos esos momentos en los que sentimos tanto que
nuestro sistema nervioso está fuera de control, pues es lo que debemos de ser.
Devolvámosle un poco a ese zagal que fuimos, démosle un poco de ese maremágnum,
pues crecimos y aprendimos con ello. Exponernos solo nos hará comprender de que
material estamos hechos, y saber en el fondo, que somos carne y puro
sentimiento, pues eso es lo que nos deferencia de otras cosas que pueblan
nuestra vida. Seamos libres de sentir con la absoluta certeza de que estamos en
nuestro momento. Nadie te puede quitar eso, solo la muerte.
Franziskaner Dunkel
Franziskaner Dunkel