domingo, 22 de septiembre de 2013

Colecciones de sucesos narrados


Como toda noche que llegas antes de tiempo a casa y con un exceso de energía demasiado altivo para lo que debieras hacer a estas horas de la noche, dícese dormir, pues se me da por pensar, y hoy me ha pegado por reflexionar después de tener largas conversaciones con un colega por el hecho de como actuamos dadas nuestras vivencias (y todo cerrado en un ámbito bastante sentimental).

Todos somos conscientes de que lo que vivimos nos deja una imprenta, y por ello somos conocidos, reaccionamos según si lo que en el pasado nos ha ocurrido es bueno o malo, y ajustamos parámetros con respecto a ello. La vida, cual teatro, es una sucesión de actos en los que podemos apreciar como nosotros, como actor principal, crecemos, nos desarrollamos, y variamos nuestra existencia como el curso del rio que se deja domar por los sedimentos de la tierra.

Lo cierto, es que es impresionante ver cómo nos moldean nuestras vivencias. Hace ahora mismo un par de días llegue a analizar con par de grandes personas lo que nos puede llegar a influir un nombre. Correlacionas con ello una actitud y una forma de ser, y en consecuencia como tú eras con esa persona, y llegando un poco más lejos, te das cuenta de todo lo que puedes llegar a rehuir por no vivir una situación similar con una básica palabra de poder como puede llegar a ser un nombre (totalmente personal esto). Y yo lo digo en serio, hay muchas cosas que no me apetece revivir… Más todo ello me lleva al punto de darme cuenta de la cantidad de ramas que en el camino de nuestro destino vamos podando para evitar que el árbol crezca débil y enfermo,   y con todo lo trágico que suena esta frase solo me queda decir que para nada, todos los años hago la poda en mi finca de Mera cuidando de los árboles y nadie se da con un canto en los dientes pensando en lo trágico del acto coño!

Es por todo ello que solo me queda expresar la gran verdad de que nada está mal vivido, solo son capítulos de nuestra vida, en los que una vez concluidos deberíamos analizarlos lo justo y ver lo que queremos guardar y lo que no.

Sé que no acabo de iluminar el alma de alguna criatura descarriada, pero coño, esto se llama Reflexiones Erráticas, nadie debería buscar la verdad en mis palabras!

PD: Todo esto está narrado desde las elucubraciones de un ser barbudo que lo único que espera es tener una vida tranquila y una prole de retoños, cerca de algún árbol noble gallego, léase carballo por ejemplo, y que por dios haya aprendido de una puta vez a tocar una gaita (gallega como Lug manda). Las realidades como puños sean dichas.

Cerveza Mahou post copas

miércoles, 24 de julio de 2013

Tomando un poco de aliento


Desde el jardín de mi casa en el pueblo, con el cielo encapotado en una calma absoluta y la quietud propia de los días no soleados, se puede llegar a un estado de paz total. Hablando desde la modorra propia de la panza llena y el licor de hierbas a medio beber uno puede darse cuenta de lo mucho que necesita estos momentos. Momentos de completo silencio cuando todos están durmiendo la siesta y tú sin embargo te mantienes en vigilia pues necesitas disfrutar de tu tiempo, tu cuerpo respira acompasado y con calma mas tu cerebro se encuentra en completo frenesí intentando atesorar cada instante y llegar al innegable punto de vista de que vivir esto es una absoluta prioridad.
Cuantas veces no hemos sido conscientes de lo mucho que necesitamos pararnos un segundo y ver las cosas con perspectiva, reflexionar, ver lo que funciona o no, y lograr aclararnos un poco para poder volver al ruedo de nuevo.
Ha empezado a lloviznar y mis pies descalzos, como es habitual, comienzan a percibir la humedad en el ambiente, hace tan poco viento que las volutas del humo de mi pipa se agolpan delante de mi rostro mientras oteo el imperturbable cielo gris viendo como los cúmulos de nubes en su lento avanzar se modifican en pequeñas figuras solo perceptibles por la imaginación de uno mismo, y atesorando este momento con tan solo voraces pájaros activos por el leve aguacero y el canto de las gaviotas en su devenir como testigos, te das cuenta que la vida, con muy pocas cosas, puede llegar a lucir en todo su esplendor.
Estos momentos son los que necesitamos, un impás en la vida que nos permita ver que no todo es un frenesí brutal en el que pararte a pensar implica que estás perdiendo oportunidades. Momentos en los que la lenta y metódica reflexión acaba por liarnos más o aclararnos las ideas, pero por lo menos lo hemos hecho. Disfrutamos de ese momento pues somos plenamente conscientes de que somos seres humanos, con nuestra conciencia, nuestros sentimientos y nuestros deseos. Reflexionas sobre lo que está por venir, sobre como nos sentimos últimamente, o sobre lo cansados que estamos por el transcurso de los días. Viene a dar un poco igual, porque lo realmente interesante del hecho es el momento, es nuestro momento.
Ni una sola rama de un árbol se ha movido en el tiempo que he estado escribiendo, y es tal la calma que solo la suave música de Bon Iver, el sonido de mis dedos tecleando y el canto de un gallo que debe estar más perdido que yo en mis momentos más atribulados son lo único que decoran acústicamente el lugar. Y sin embargo, no hay nada que no podamos replicar en nuestro lugar de paz particular. Vivimos estos momentos para poder acudir a ellos cuando las cosas están tan aceleradas que actuamos cual madero azotado por las corrientes.
La paz es un privilegio al que todos podemos optar y nadie nos lo puede negar, disfrutadlo.

Rua Vieja, Licor de Hierbas

viernes, 14 de junio de 2013

Sentir


Pongámonos en situación, que es una cosa que me encanta, acabo de llegar a casa después de una adorable noche veraniega, pese a que sea primavera aquí no lo parece, en la cual hemos compartido entre amigos el bien hacer de los españoles de bajarnos a tomar unas cañas, una cosa que a día de hoy no hago mucho pero que me encanta. Finalmente, como todas estas jornadas suele acabar con unos pocos tomándose la última y poniéndonos profundos. Qué bonita es la vida. La verdad es que las noches de verano me encantan, hacen sacar algo extraño dentro de ti, como si siguieses en esos veranos en los que eres un jovenzuelo con toda la noche por delante y cero preocupaciones, sencillamente solo estás viviendo el momento para disfrutarlo. Y ese es nexo de unión de este post, en esa época estabas vivo y eras una autentica supernova de emociones con explosiones consecutivas. Ese punto con otros tintes mucho más adultos y menos convulsivos son los que me han llevado a escribir hoy, el tema de sentirse vivo.

Hablando en compañía hace un rato fue un tema que cobró sentido, digamos que fue como llaman algunos un momento de lucidez, una revelación, o como se prefiera llamar, pero lo cierto es que nos metemos tanto en la dinámica de nuestras vidas, seguimos tan a raja tabla todo lo que debiéramos hacer , que finalmente dejamos de lado ciertos aspectos que nos dan la alegría de seguir en este mundo, algo tan básico como seguir vivos, seguir sintiendo, hacer cosas que por lo que sea te aceleren el corazón, saber que la estás cagando, o quizás no, pero no lo estás haciendo todo lo bien que debieras, o quizás solo son dudas, pero estás seguro de una cosa, lo que estás llevando a cabo es lo que a ciencia cierta es lo que quieres. Más allá de lo que debieras, no hablo de trabajo, ni de hipotecas, ni de cosas que debes hacer porque es el momento en el que debes hacerlas. Hablo de sentirte vivo, hablo de sentir.

En esa conversación que mantenía esta noche llegué a decir que envidiaba el hecho de no sentir mucho últimamente. Entiendo por qué lo dije, pero lo cierto es que estaba equivocado, me enorgullezco de sentir muchas cosas, como este momento de soledad en el que lo único que se escucha son las toses del vecino de arriba que debe de tener la garganta cascada, y desde la soledad de mi habitación y de la compañía del ventilador y la música, me vuelvo a sentar reflexionando sobre ello. Pero sin embargo creo  cuando lo comenté era de algo más que eso, hablaba de cuando tienes una certeza brutal, de cuando no puedes negar tus sentimientos y seguir para adelante, hablo de no hacer lo correcto, hacer lo que te dicta el alma, tu ser, no seguir engañándote en pro de la comodidad. Hablo de esos momentos preciosos en los que cuando tienes que decir algo se te atropellan las palabras, pues es tanto lo que sientes que tu cerebro no tiene la capacidad de asimilarlo todo y se tropieza. Hablo de palpitaciones y sudores fríos, de intentar liarte un cigarro y que te tiemblen tanto las manos que tienes que dejarlo a un lado con aire disimulado como si ya no te apeteciese fumar (eso me pasó). Notar como las pulsaciones te invaden la percepción auditiva hasta el punto de llegar un momento en que solo escuchas el bum bum de la carótida llevando la sangre arriba como si fuese un puto tren de mercancías. Eso más que nos pese, en los buenos y malos momentos, es sentirse vivos, y creo que en los días que vivimos es tan fácil olvidarse de que esa es la razón del ser humano, que es necesario recordarnos que si sufrimos es porque vivimos, y si gozamos, es que estamos haciendo lo que debiéramos.

Una vez me explicaron que toda emoción tiene una explicación, incluso el miedo, nos hablan de lo que estamos sintiendo ahora mismo y nos preparan para lo que vendrá. No neguemos esas emociones tan primarias, pues la cantidad de información que nos están aportando es apabullante. No menospreciemos esos momentos en los que sentimos tanto que nuestro sistema nervioso está fuera de control, pues es lo que debemos de ser. Devolvámosle un poco a ese zagal que fuimos, démosle un poco de ese maremágnum, pues crecimos y aprendimos con ello. Exponernos solo nos hará comprender de que material estamos hechos, y saber en el fondo, que somos carne y puro sentimiento, pues eso es lo que nos deferencia de otras cosas que pueblan nuestra vida. Seamos libres de sentir con la absoluta certeza de que estamos en nuestro momento. Nadie te puede quitar eso, solo la muerte.

Franziskaner Dunkel

domingo, 28 de abril de 2013

La naturaleza de las cosas buenas

Todos hemos tenido malos momentos, hemos sufrido el tormento de la caída, la presión en las sienes que pugna por hundir tu cráneo en insondables océanos de amargor, nos hemos regodeado en nuestras desgracias y hemos gritado al cielo preguntando si los dioses ya estaban contentos con nuestras desventuras o seguirían manipulando los hilos  en un sádico juego mientras sus carcajadas retumbaban en nuestro pecho. Que mal estábamos, y que claro lo teníamos.

Eso lo hemos vivido todos, la pregunta ahora es la siguiente, ¿Cuántas veces has tenido esa misma sensación sabiendo lo bien que estás en el presente? No sé vosotros, mis amados y más de dos lectores, pero por lo que veo, tampoco es algo que la gente tenga muy en cuenta. El hecho de pararte un segundo, tomar aire y decir, “Joder, todo va bien y estoy de puta madre”, eso es a lo que me refiero. No quiero hablar de cuando miramos al pasado y pensábamos lo bien que estábamos en determinado momento del pasado, si no, lo bien que estamos en el presente. Mañana será otro día y a saber que nos depara, pero desde luego el hoy y el ahora no nos lo quita ni dios.  Pues eso es a lo que me refiero, disfrutar del momento en el que estés bien y darte el placer de sentir con plenitud esa alegría. Igual que no debemos negar ciertos sentimientos de connotación negativa pues es un proceso necesario para superar una situación, también debemos aprovechar nuestros momentos de felicidad para demostrarnos que la vida siempre puede mostrarnos su mejor sonrisa, y cuando venga lo malo, que lo más probables es que venga, saber que habrá un momento en el futuro que serás consciente de que estarás bien y que la tormenta ha pasado.

Me enorgullezco personalmente de ser una persona que tiendo a darme cuenta de que soy feliz en el mismo momento, tengo varios momentos en mi vida que son de mi top 5, y algunos en parajes que si no eres feliz es que tienes un serio problema, pero  eso es fácil. Sin embargo, tal día como hoy, un domingo nublado sin nada de especial, en el cual te has metido un rato en los fogones preparando un pollo asado como lo hacía tu dulce madre, tomártelo con dos de tus mejores amigos/compañeros de piso, sabiendo las buenas nuevas que acontecen actualmente en tu vida, y que todo va a mejorar pues así te lo dicen los huesos y así lo muestras (que quizás sea lo más importante) mientras te acabas una estupenda copa de vino al final de la comida… pues que quieres que te diga, pero creo que todo toma otro cariz y la sonrisilla se te dibuja en el rostro. Eres feliz y eres consciente de todo ello, y lo bueno es que no es una euforia pasajera, es que las cosas van bien…

Tenemos derecho a regodearnos de esos momentos también.  Así que exprimir esos momentos  al máximo.

domingo, 14 de abril de 2013

De todo Corazón


Este post más que lo habitual, digamos que es por un lado un agradecimiento, y por el otro una recomendación a los más de dos lectores que me seguís con una fidelidad sin igual.
Me encuentro ahora en mis aposentos, con mi habitual copa de vino cada vez que arranco con un post, que como en todos ellos, empiezan con una copa en la comida y una idea, y acaban aquí sentado (hoy he comido tarde), desbarrando con mi teclado. Así que llegando a donde yo quería, voy a hablar de lo que me ha llevado a escribir esto.

Vengo de aprovechar un estupendo fin de semana con la gente de Mente colectiva y un grupo de personas a cada cual más hermosa, donde nos han ayudado en tantas tareas que enumerarlas sería tedioso, así que lo resumiré en la frase que ellos mismos han utilizado para el curso, El viaje del despertar, haciendo en este momento cada uno el ejercicio de analizar qué es lo que quiere en su vida, y que es para él el despertar.

Muchas cosas podría decir, pero lo que creo, y para mí ha sido una de esas bonitas sorpresas, es que lo mejor sería que cada uno se atreviese a realizar el curso, y se aventurase a ello con la mejor de las ilusiones. Pues puedo decir que la experiencia es de lo mejor que he tenido en tiempo. Enriquecedora, revitalizante, entrañable, alegre, emotiva… y podría rellenar 4 folios así.

Y ahora, voy a relatar el porqué de este post, pues para mí es más que ilustrativo. A las cuatro y pico de esta tarde llegué yo a casa encontrándome solo, así que entrando por la puerta con una energía que no había sentido en tiempo me dije, “que coño, me voy a poner una birra y luego ya veremos”, dicho y hecho, y como la cerveza me llevó a la nevera decidí rebuscar para ver que comer. Me he hecho un plato la mar de gustoso, pero especificar no viene al caso, lo gracioso es que en cuanto me puse la música y me disponía a tomar mi primer sorbo de cerveza, antes de cocinar, brindé conmigo mismo y por mí mismo (y no, no es redundante). ¿Por qué? pues porque yo lo valgo y me sentía la hostia de orgulloso de lo que soy. Y luego decidí aderezar la comida con una patata gallega de las buenas, y lo mismo, porque me lo merezco. Y finalmente cuando me senté a la mesa decidí retomar ese romance que estábamos manteniendo la botella de Coto de Imaz y yo desde hace unos días y que tenía un poco aparcada. Y cuando me bebí la copa, me supo a ambrosía, y no por el vino, que nadie dice que el vino no sea buen, si no porque estaba en uno de los momentos más dulces desde hace mucho tiempo, sin que haya eventos especiales de por medio. Y eso, es lo que me llevó a ponerme a escribir esto ahora.

Y por eso, queridísimos y masivos lectores me siento tan agradecido, pues no es fácil en estos tiempos que corren y en la situación actual, topar con una iniciativa que te haga ascender como un jodido cohete, y que salgas con unas energías renovadas que nadie te podrá quitar, ni siquiera este mundo vampiro, que nos roba las ganas, la iniciativa y la vitalidad para intentar salirte por la tangente y crear tu propio destino. Una frase la cual, siempre he tenido presente, pero después de esto cobra muchísima más energía, es que solo tú eres dueño de tus actos, así que no dejes que las circunstancias o las personas  decidan por ti, y busca de corazón lo que quieres llegar a ser.

Finalizando solo me queda dar gracias de nuevo, gracias a los profesores, personalmente a mí me gusta llamarlos así, pues realmente te enseñan a ver lo que tienes dentro y como encauzarlo, y gracias a la gente que me ha acompañado en el inicio de este viaje. Y ahora, con las gaitas de mi tierra de fondo, la brisa entrando por la ventana, mi propio bienestar y mi gratitud, sería uno de esos momentos, en que si se lo estuviese diciendo a la cara a todos ellos, lo más seguro es que se me cayese una lagrimilla.
En serio y de verdad, gracias.

Coto de Imaz, Reserva 2005

domingo, 7 de abril de 2013

Esencias



Partimos del sencillo concepto de que no creo ni en el alma, ni en dios, ni en el karma, ni el destino, ni en San José y la Virgen María. Mis creencias no se van más allá de lo que cualesquiera de nosotros pensara si viese a un ñu devorado por leonas, y viendo como después de que su panza estuviese bien llena, los buitres se hacen con el cadáver mientras mantienen una contienda con chacales, hienas y demás.  Y posteriormente, cuando solo quedasen los restos, los insectos proseguirán su tarea, ¿y después? Pues la tierra hace su trabajo, absorbe los huesos, descompone los elementos y sirve para nutrir en si a la misma tierra para que un nuevo ñu se alimente de los pastos que se han nutrido de su pariente lejano.  Seguro que ninguno de vosotros se ha parado a pensar que el alma de ese ñu ha ido volando al cielo de los ñus, donde los pastos son siempre verdes y jamás acechan depredadores. ¿Y si los depredadores tienen su cielo? Por esa regla de tres ¿De dónde cojones sacan las presas? Del cielo de los ñus desde luego que no ¿de su infierno? No me jodas, que alguien tenga los cojones de decirme que X ñu ha sido malo y merece ser condenado por sus actos…

Sé que esto puede llegar a ser tildado de demagogia, pero las religiones también utilizan estas artimañas, así que no voy a ser menos.

Sin embargo, si hay conceptos de estas formas de pensamiento que podría llegar a asimilar. Como por ejemplo, el alma, ¿Qué es el alma? Nada más lejos que nuestra esencia como criaturas vivas y lo que nos define como individuo. Aquel que es más extrovertido que introvertido, el que medita durante horas antes de actuar, el que todo lo ve desde el punto práctico, el que actúa y luego observa los resultados, todos tenemos una impronta, y eso es lo que nos define como individuos ¡Esa es nuestra alma! Y por consiguiente, nuestros fantasmas. Lejos de lecturas negativas, no será otra cosa que nuestra esencia en la vida de los demás, lo que dejamos atrás, lo que hemos podido marcar a otros. Quizás es un punto de vista un poco romántico, pero coño, jamás renuncié al romanticismo.

sábado, 23 de febrero de 2013

Rituales


Me gustan los rituales.
Los rituales no deben tomarse, en la mayoría de los casos, como una actitud compulsiva hacia lo que deseamos hacer. Me gustan los rituales, sé que soy un poco primitivo, y que tranquilamente danzaría desnudo a la luz de la luna ante un carballo (roble)  de más de cien años en pleno bosque profundo (y con la idea de que los lobos gustosamente  se me salten a la pantorrilla, pero lo mío con los lobos ya lo trataremos en otro momento).
Volvamos a lo que nos concierne, los rituales, no nos engañemos, a todos nos gustan, desde el tío más supersticioso, a la persona más científica, todos lo llevamos a cabo. Aunque solo sea el rutinario acto de levantarnos, zapatillas, el suelo está frio, mover brazos, reactivar la circulación, y prepararnos para la deposición pertinente después de X horas de almacenamiento. Eso al fin y al cabo es un ritual, pero la realidad es que yo voy más allá, hablo de las actitudes que tomamos previa situación, eso es grande. Cual deportista de élite que está a punto de salir para hacer lo que lleva años preparándose, y lo ha visualizado mil veces (eso siempre lo decía mi profesor de educación física), nosotros visualizamos para lo que estamos a punto de vivir.
Lo que más me impresiona de todo ello es lo mucho que nos sentimos ridículos cuando tomamos consciencia de ello, y cuando vemos que esa misma proyección ajena nos parece una idea de puta madre.
Señor@s, todos lo tenemos, somos capaces de proyectarnos y ver lo que realmente queremos, y si algo lo queremos, por cojones lo vamos a conseguir, y para eso nos preparamos. Los rituales no son otra cosa que mentalizarnos para lo que nos espera delante, y por ello, y por la rutina de ello, nos procuran una confianza y estabilidad que no debería ser desestimada.
La forma en que te preparas es lo que necesitas de ti mismo, confía en ello, y apóyate en ti mismo para confirmar todas aquellas maravillosas situaciones en las que te has preparado y has triunfado.
El éxito está en nuestras manos, y prepararte es parte del proceso.
Suerte