domingo, 7 de abril de 2013

Esencias



Partimos del sencillo concepto de que no creo ni en el alma, ni en dios, ni en el karma, ni el destino, ni en San José y la Virgen María. Mis creencias no se van más allá de lo que cualesquiera de nosotros pensara si viese a un ñu devorado por leonas, y viendo como después de que su panza estuviese bien llena, los buitres se hacen con el cadáver mientras mantienen una contienda con chacales, hienas y demás.  Y posteriormente, cuando solo quedasen los restos, los insectos proseguirán su tarea, ¿y después? Pues la tierra hace su trabajo, absorbe los huesos, descompone los elementos y sirve para nutrir en si a la misma tierra para que un nuevo ñu se alimente de los pastos que se han nutrido de su pariente lejano.  Seguro que ninguno de vosotros se ha parado a pensar que el alma de ese ñu ha ido volando al cielo de los ñus, donde los pastos son siempre verdes y jamás acechan depredadores. ¿Y si los depredadores tienen su cielo? Por esa regla de tres ¿De dónde cojones sacan las presas? Del cielo de los ñus desde luego que no ¿de su infierno? No me jodas, que alguien tenga los cojones de decirme que X ñu ha sido malo y merece ser condenado por sus actos…

Sé que esto puede llegar a ser tildado de demagogia, pero las religiones también utilizan estas artimañas, así que no voy a ser menos.

Sin embargo, si hay conceptos de estas formas de pensamiento que podría llegar a asimilar. Como por ejemplo, el alma, ¿Qué es el alma? Nada más lejos que nuestra esencia como criaturas vivas y lo que nos define como individuo. Aquel que es más extrovertido que introvertido, el que medita durante horas antes de actuar, el que todo lo ve desde el punto práctico, el que actúa y luego observa los resultados, todos tenemos una impronta, y eso es lo que nos define como individuos ¡Esa es nuestra alma! Y por consiguiente, nuestros fantasmas. Lejos de lecturas negativas, no será otra cosa que nuestra esencia en la vida de los demás, lo que dejamos atrás, lo que hemos podido marcar a otros. Quizás es un punto de vista un poco romántico, pero coño, jamás renuncié al romanticismo.

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