miércoles, 24 de julio de 2013

Tomando un poco de aliento


Desde el jardín de mi casa en el pueblo, con el cielo encapotado en una calma absoluta y la quietud propia de los días no soleados, se puede llegar a un estado de paz total. Hablando desde la modorra propia de la panza llena y el licor de hierbas a medio beber uno puede darse cuenta de lo mucho que necesita estos momentos. Momentos de completo silencio cuando todos están durmiendo la siesta y tú sin embargo te mantienes en vigilia pues necesitas disfrutar de tu tiempo, tu cuerpo respira acompasado y con calma mas tu cerebro se encuentra en completo frenesí intentando atesorar cada instante y llegar al innegable punto de vista de que vivir esto es una absoluta prioridad.
Cuantas veces no hemos sido conscientes de lo mucho que necesitamos pararnos un segundo y ver las cosas con perspectiva, reflexionar, ver lo que funciona o no, y lograr aclararnos un poco para poder volver al ruedo de nuevo.
Ha empezado a lloviznar y mis pies descalzos, como es habitual, comienzan a percibir la humedad en el ambiente, hace tan poco viento que las volutas del humo de mi pipa se agolpan delante de mi rostro mientras oteo el imperturbable cielo gris viendo como los cúmulos de nubes en su lento avanzar se modifican en pequeñas figuras solo perceptibles por la imaginación de uno mismo, y atesorando este momento con tan solo voraces pájaros activos por el leve aguacero y el canto de las gaviotas en su devenir como testigos, te das cuenta que la vida, con muy pocas cosas, puede llegar a lucir en todo su esplendor.
Estos momentos son los que necesitamos, un impás en la vida que nos permita ver que no todo es un frenesí brutal en el que pararte a pensar implica que estás perdiendo oportunidades. Momentos en los que la lenta y metódica reflexión acaba por liarnos más o aclararnos las ideas, pero por lo menos lo hemos hecho. Disfrutamos de ese momento pues somos plenamente conscientes de que somos seres humanos, con nuestra conciencia, nuestros sentimientos y nuestros deseos. Reflexionas sobre lo que está por venir, sobre como nos sentimos últimamente, o sobre lo cansados que estamos por el transcurso de los días. Viene a dar un poco igual, porque lo realmente interesante del hecho es el momento, es nuestro momento.
Ni una sola rama de un árbol se ha movido en el tiempo que he estado escribiendo, y es tal la calma que solo la suave música de Bon Iver, el sonido de mis dedos tecleando y el canto de un gallo que debe estar más perdido que yo en mis momentos más atribulados son lo único que decoran acústicamente el lugar. Y sin embargo, no hay nada que no podamos replicar en nuestro lugar de paz particular. Vivimos estos momentos para poder acudir a ellos cuando las cosas están tan aceleradas que actuamos cual madero azotado por las corrientes.
La paz es un privilegio al que todos podemos optar y nadie nos lo puede negar, disfrutadlo.

Rua Vieja, Licor de Hierbas